Cisco Jiménez

Una invitación a la expectación

 

 

 

An invitation to expectation

 

 

“Infinitas capas de ideas, imágenes y sentimientos cayeron sucesivamente sobre nuestro cerebro, tan dulcemente como la luz, pareció que cada una sepultaba a la anterior pero en realidad ninguna había desaparecido.”

—Charles Baudelaire.

 

Hace muchos años, vagando por el centro de Puebla, me topé con una exposición de gráfica en la que una imagen muy poderosa me dejó absorto. Era un grabado minimalista impecablemente resuelto: la degradación de un color en otro, pasando por una gama de semitonos, daban a la obra un aura bastante especial de infinitud y trascendencia, un punto y aparte de lo que yo conocía en gráfica. Se trataba de una obra de Emi Winter. La expectación creada por aquella obra tardó una década en cristalizar en un encuentro con la autora.

Se trata de una artista de Oaxaca, mujer, mezcla cultural México-Norteamericana, pelirroja, sensible a su contexto y paradójicamente distinta y bizarrra a lo que conocemos y esperamos de la “escuela de Oaxaca”. Estas características pesan mucho en su trabajo. Hay incontables maneras de ser mexicano, de ser oaxaqueño, de ser global.

En una primera instancia uno podría observar anarquismo y arbitrariedad en sus trazos, colores y actitudes, por ejemplo, el color negro aplicado sin fundamentos y matrimoniado con verdes, rosas y amarillos neón. Sin duda esto podría parecer un sacrilegio en la alquitranada pintura abstracta mexicana –tan recurrente de la textura, el empaste y las paletas nostálgicas– pero más bien es un punto de partida a un viaje sofisticado de seducción multireferencial, ultrametafórica y futurista, que además sabe muy bien el lugar que ocupa dentro del desarrollo de la pintura abstracta contemporánea.

La pintura de Emi nos proyecta hacia la incertidumbre glamorosa de los tiempos actuales, como una ilusión que aparece inesperadamente y de inmediato es sepultada por una nueva sensación y así sucesivamente; capas y capas superpuestas; la paradoja siempre está presente: anarquismo neopunk y al mismo tiempo entrega seria, paciente y disciplinada, incluso performativa; alrededor de veinte años de trabajo nutrido de contextos diversos (Nueva York, Marfa, Los Angeles, Düsseldorf, Montreal y Oaxaca) aderezados con contrastantes experiencias vitales: ecuación perfecta para crear una obra híbrida, sorpresiva y de consecuencias inciertas e interesantes. Sus pinturas más recientes lo ilustran perfectamente: redes, tramas, garabatos y manchas cristalinas de color que se van superponiendo y sepultando, pero también van develando un escenario donde lo más importante no es lo que se va descubriendo sino la emoción y expectación generada al enfrentarse uno con diversas “cortinas y telones” que esconden un significado pero que no tienen ninguna prisa por mostrarlo.

Emi es pintora pero se expande también a los terrenos de grabado y textil, va y viene entre técnicas, creando una arena donde todo se nutre, convive y se resignifica. El abstraccionismo pictórico puede convertirse en placas de metal grabado al ácido o traducirse al telar tradicional indígena de Teotitlán del Valle, generando una nueva manera de aproximarse a su siguiente pintura o gráfica, y viceversa.

“El sueño estaba compuesto como una torre formada por capas sin fin que se alzaran y se perdieran en el infinito o bajaran en círculos perdiéndose en las entrañas de la tierra. Cuando me arrastró en sus ondas, la espiral comenzó, y ésa espiral era un laberinto, no había techo ni fondo, ni paredes ni regreso. Pero había temas que se repetían con exactitud.”
—Anaïs Nin citada por Cortázar en Rayuela.

Y sin embargo todo estaba ahí.

Cisco Jiménez
Desde una barranca en Cuernavaca
21 de enero de 2012

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Texto de sala para la exposición Maximum Solar en el Centro Cultural Jardín Borda, Cuernavaca, Morelos, México. Febrero - Marzo 2012.

 

 
Many years ago when strolling through downtown Puebla, I ran into an exhibition of prints in which a very powerful image captivated me. It was a minimalist print, impeccably resolved: the gradation of one color to another, passing through a range of semitones, gave the work a rather special aura of infinity and transcendence and was a departure from the printmaking I knew. It was a work by Emi Winter. The expectation created by that piece took a decade to crystallize in an encounter with the artist.

I’m speaking about an artist from Oaxaca, a woman with a cultural mix of Mexico and North America, a redhead, sensitive to her context, and in a paradoxically differentiated and bizarre relation to what we know and expect of the “Oaxacan school of art”. These characteristics play out heavily in her work. There are infinite ways of being Mexican, being Oaxacan, being global.

At first glance, one can observe anarchy and arbitrariness in her gestures, colors and attitude; for example, the color black is applied without following rules and then married with greens, pinks and neon yellows. What could undoubtedly seem like sacrilege in the effete tradition of Mexican abstract painting – so dependent on texture, impasto and nostalgic color palettes – is instead a point of departure for a sophisticated trip of multi-referential, ultra-metaphoric and futuristic seduction, without losing sight of the place the work occupies in the development of contemporary abstract painting.

Emi’s painting points us towards the glamorous uncertainty of today, like an illusion that appears unexpectedly and is immediately buried by a new sensation, and does so repeatedly; layers and layers overlap while the paradox is always present: a practice of neo-punk anarchy that is simultaneously serious, patient and disciplined commitment, even performance-like. About twenty years of work nurtured by different contexts (New York, Marfa, Los Angeles, Düsseldorf, Montreal and Oaxaca), spiced up with contrasting life experiences, a perfect equation for creating work that is hybrid, surprising and has uncertain and interesting consequences. Her more recent paintings illustrate this perfectly: gestures forming nets, woven; scribbles and crystal-like stains of color are superimposed and then bury one another. Yet they also unveil a scene where the most important thing is not what is being discovered but instead the emotion and expectation generated when one is confronted with diverse curtains and backdrops that hide some meaning but have no urgency in revealing it.

Emi is a painter, but her practice expands into the fields of prints and textiles, comes and goes between techniques, creates an arena where everything coexists, feeds and redefines the other. Her pictorial abstract language can be translated into a metal plate etched in acid or the traditional indigenous loom of Teotitlán del Valle, generating a new way of approaching her next painting and vice versa.

“The dream was composed like a tower of layers without end, rising upward and losing themselves in the infinite, or layers coiling downward, losing themselves in the bowels of the earth. When it swooped me in its undulations, the spiraling began, and this spiral was a labyrinth. There was no vault and no bottom, no walls and no return. But there were themes repeating themselves with exactitude.”
—Anaïs Nin quoted by Cortázar in Hopscotch

Still, everything was there.

Cisco Jiménez
From a canyon in Cuernavaca
January 21, 2012

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Wall text for the exhibition Maximum Solar at the Centro Cultural Jardín Borda, Cuernavaca, Morelos, Mexico. February - March 2012.